La cara en desarrollo es una estructura muy compleja.
Su crecimiento es mucho más que un mero incremento de tamaño, como soplar un globo. Es un proceso delicadamente equilibrado que gradualmente modela y da nueva forma a la cara del niño para terminar en la de adulto.
Cambios sutiles en la proporción, los músculos y sobre todo en la función actúan recíprocamente en una continua interrelación de influencias, algunas favorables, otras no tanto.
Superpuestas a las modificaciones normales están las variadas influencias de hábitos y disfunciones que pueden distorsionar los maxilares, crear asimetrías,alargar la cara, apiñar los dientes, abrir o cerrar mordidas y de muchas maneras perjudicar el rostro resultante final.